Los “cortes de digestión” ¿No me puedo bañar?

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Cualquiera lo sabe. No hay que bañarse hasta que pasen dos horas desde la última comida. La sabiduría popular dice que por mucho que el calor apriete y sobre todo si hemos comido más de la cuenta, bañarse antes de tiempo puede provocar un corte de digestión, que nos encontremos mal, que devolvamos o que nos desmayemos en el agua… Pero la sabiduría popular no está en lo cierto. Al menos no exactamente.

El “corte de digestión” no existe. Por mucho que nuestras madres no lo hayan advertido a diario y a todas horas. No existe. No hay que esperar dos horas para bañarse después de comer.

Y es que lo que causa la muerte de algunas personas que se meten en el agua después de comer no es el corte de digestión, sino el choque que produce el agua fría sobre nuestro organismo y que se conoce como síndrome de la inmersión o síncope por hidrocución.

Es una reacción natural del organismo ante la inmersión en el agua, que se caracteriza por una repentina disminución de la frecuencia cardiaca que puede llevar a la pérdida del conocimiento ( lo que se conoce como síncope o desmayo) y a veces incluso a que el corazón se pare.

El motivo es que en un momento determinado disminuye el flujo de sangre en el cerebro y se pierde del sentido.

En medio de la inconsciencia el afectado queda a merced del agua, y no puede evitar ahogarse.

Cuando pasa varios minutos debajo del agua puede llegar a asfixiarse al inhalar agua y en ese caso se dice que la persona es un «ahogado azul».

En estos casos, la piel adquiere un tono azulado debido a la hipoxia y la persona se hunde.

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Pero hay casos incluso más graves.

En ocasiones el choque térmico es tan fuerte que puede desencadenar un reflejo de inhibición de la respiración y la circulación que desemboca en una parada cardiorrespiratoria.

Cuando una persona sufre este proceso se dice que es un «ahogado blanco».

La reserva de oxígeno que se queda en los pulmones amortigua la hipoxia durante unos minutos y la persona se queda flotando en el agua, muy probablemente en la «posición de medusa».

¿Bañarse después de comer?

Es conveniente, sobre todo después de comidas copiosas, dejar más margen antes de entrar en el agua. No dos horas y menos si evitamos esas comidas copiosas.

Sí podemos bañarnos después de comer con las precauciones necesarias.

Además, si el agua está muy fría, si hemos estado al sol o si hemos estado haciendo ejercicio, aumentaremos la probabilidad de que perdamos el conocimiento.

¿Cómo evitarlo?

Hayamos hecho la digestión o no, es conveniente meterse en el agua poco a poco o mojarse algunas partes del cuerpo, como las muñecas y la nuca, para ir acostumbrando al cuerpo al contraste de temperaturas antes de entrar en el agua.

Síntomas que avisan

Antes de sufrir un desmayo o un paro cardíaco el cuerpo «suele avisar» de que se encuentra en una situación peligrosa.

Cuando estamos en el agua podemos empezar a sentir un malestar generalizado con nauseas, vómitos, enrojecimiento de la piel, zumbido en los oídos y un pulso más débil.

Si eso ocurre ha llegado el momento de salir del agua, de guardar reposo y de tumbarse en el suelo con las piernas levantadas para aumentar la presión de la sangre en el cerebro.

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¿Qué hacer ante el «corte de digestión»?

Si vemos a alguien que se desvanece en el agua, el primer paso es alertar a los socorristas, y si no, llamar al 112.

A continuación, hay que activar la «cadena de supervivencia», que mantendrá a la persona en las mejores condiciones hasta que lleguen los servicios sanitarios.

Para ello, el primer paso evidente es sacarla del agua, tumbarla boca arriba en el suelo y comprobar si respira o no.

Si respira es adecuado colocarla en posición lateral de seguridad: esto es, básicamente, ponerla de lado con la cabeza apoyada en un brazo y una pierna doblada para mantenerse en la postura.

¿Qué hacer ante un «corte de digestión»?

La Reanimación Cardiorrespiratoria (RCP)

En caso de que no respire, es esencial comenzar cuanto antes las maniobras de reanimación cardiorrespiratoria (RCP), que consisten en una combinación de masajes cardíacos e insuflaciones (ventilación forzada por boca a boca o con algún dispositivo) para mantener la circulación de la sangre en la medida de lo posible y evitar el daño cerebral hasta que llegue el rescate.

El primer paso es echar la cabeza del afectado hacia atrás, tirando de la frente y del mentón para mantener las vías abiertas.

A continuación, hay que arrodillarse al lado de la persona que está tumbada, en un lateral, y apoyar el talón de una mano en el esternón, a la altura de la línea imaginaria formada por los pezones.

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A continuación, se apoya el otro talón de la mano sobre la primera, entrelazando los dedos, se estiran los brazos y se comienza a bascular con el cuerpo a través de la cadera, sin doblar los brazos.

Se debe seguir un ritmo de más de 90 compresiones al minuto, y dejar que el tórax se recupere entre empujón y empujón.

Se suele recomendar hacer ciclos de 30 compresiones seguidas de dos insuflaciones boca a boca (si hay dos personas ayudando una puede encargarse de cada cosa e incluso turnarse para no cansarse).

Artículo redactado por Nuria Monje

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